Así que… Tu perro te ignora cuando le llamas…

¡Muy bien! El primer paso es reconocerlo. El segundo sería plantearte por qué te ignora, en vez de tratar de enseñarle que venga sin que tú lo hayas entendido antes.

El planteamiento no va dirigido al perro, sino a ti. El perro es un animal social, que hace las cosas en equipo y adora cooperar con la familia, no hace falta ni llamarlo para que no se vaya y/o para que se acerque a ti. El perro te ignora y se va, porque tú haces que te ignore y se vaya. Cometes varios errores. No le guías correctamente y él acaba guiándote a ti. Sin embargo, siempre estás a tiempo de auto-corregirte.

¿Qué haces para que te ignore? ¡Allá vamos!


1. Le llamas para cortarle el royo

Casi siempre, por no decir siempre, le llamas para cortarle el royo; cuando va a saludar a un perro o a una persona, cuando va a olfatear algo, cuando hace algo que a tu parecer está «mal», cuando persigue a un coche, a una bicicleta, etc.

Llamas a tu perro cuando se lo va a «pasar bien». Aunque a ti no te guste lo que vaya a hacer, a él sí.

Imagina que yo te llamo cuando ves un billete de 100 € en el suelo. ¿Me vas a hacer caso o vas a ir corriendo a recogerlo?

Pues es más o menos lo mismo. Yo no puedo hacer que no te gusten los billetes de 100 €, pero sí que puedo ofrecerte un billete de 200 €. Aún así, quizás vayas a por el de 100 €.

Con los perros es más fácil que con los humanos con los euros. No te preocupes.

Tienes miedo

Tienes que entender que, cuando le llamas para cortarle el royo, en realidad tienes miedo. Miedo a que le ocurra algo a él, a ti o a los demás. Miedo a lo que pueda pasar o a lo que pensarán. Sea en el nivel que sea. Cuando quieres controlar, tienes miedo y, con miedo, el perro no puede aprender correctamente porque la naturaleza del perro es aprender a confiar y tu lenguaje corporal indica lo contrario.

Imagina otra vez que te llamo siempre que ves un billete de 100 €, al final no me vas ni a mirar a mí. Cuando te llame, pensarás que hay un billete de 100 € y empezarás a buscarlo desesperadamente, sin ni siquiera haberlo visto tú primero.

Eso es lo que ha aprendido tu perro de ti, cada vez que le llamas ya se pone a buscar qué es lo que hay ahí fuera para ir a por ello.

2. Le llamas enfadado y/o preocupado

El enfado y la preocupación son el efecto de tu miedo, no de lo que hace tu perro; como no pasa lo que quieres que pase, te asustas y te enfadas.

¿Cómo puedes enfadarte con alguien que no te entiende? En serio, no es que el perro no quiera hacerte caso, es que has hecho de todo, a lo largo del tiempo, para que no te haga caso.

Lo único que hace tu enfado es producir miedo a tu perro. Pareces un demonio, el billete de 100 € no da miedo. ¿Qué crees que elegirá? Obviamente va a pasar de ti. Los perros son alegría pura, eligen el buen royo.

Pero, no solo eso, tu enfado y tu preocupación, tus gritos y tu comportamiento, no solo te asustan y te preocupan cada vez más a ti y a tu perro, sino a todos los de tu alrededor.

¿Qué crees que va a pensar el propietario del otro perro si ve que el tuyo se dirige hacia ellos y tú vas como un loco corriendo y gritando detrás? ¡Va a pensar que es peligroso! Aunque no lo sea. Vas a asustar a la otra persona y ella también empezará a hacer cosas muy raras; a coger a su perro en brazos, a correr, a gritarte o lo que sea.

¡Contrólate! Llamarle enfadado o preocupado solo agrava la situación, jamás la mejora. Actúa con calma.

3. Le llamas cuando sabes que no va a venir

¿Para qué lo llamas si sabes que no vendrá? ¿Has probado de no llamarle?

Cuando lo llamas sabiendo que no va a venir o con un 1% de dudas, haces, con tu cuerpo, todo lo que no tienes que hacer; te diriges hacia él. Si tú perro te ve yendo hacia él, ¿crees que vendrá hacia ti?

Los perros no hacen nada sin sentido; ¿para qué debería ir hacia ti si vas tú hacia él? ¡De verdad, eh!

Si dudas de que vaya a venir, no lo llames. Y, si ya lo has llamado una vez y te ha ignorado, no te repitas. Silencio y espera.

4. El lenguaje que utilizas es contradictorio

¿Como vas a comunicarte claramente si te dejas llevar por el miedo?

Le llamas y vas hacia él; no va a venir. Corres tras él, fatal; pensará que te quieres unir a su fiesta. Le engañas ofreciéndole algo que no tienes y el perro se da cuenta; ya has llegado a lo peor…

Tienes que ser muy consciente que, en todo momento, te estás comunicando con tu cuerpo y el lenguaje corporal prevalece a tu voz. Es lo que tu perro entiende mejor.

Tienes que indicarle dónde tiene que ir, moviéndote tú hacia dónde quieres que vaya. ¿Quieres que vaya en dirección contraria? Vete tú hacia atrás.

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5. Le castigas cuando llega a ti

Si viene a ti, aunque haya tardado una hora y la haya liado por ahí, y estás enfadado, cada vez te hará menos caso. Venir a ti va a ser sinónimo de mal royo. ¿Quién elegiría el mal royo cuando todo lo demás ofrece felicidad?

Cuando el perro está contigo, debe sentirse bien.

Imagina que tú corres hacia el billete de 100 €, yo te llamo y me ignoras y, cuando decides venir a mí, yo te doy un tortazo. ¿La próxima vez vas a venir o tratarás de evitarme? En cambio, si siempre te doy un billete de 100 €, aunque te hayas ido y la hayas liado, ¿te lo pensarás mucho o vendrás enseguida?

El perro no «tiene» porque hacerte caso. No es un esclavo. El perro puede elegir «querer» hacerte caso sin que le fuerces a ello y, si confía en ti, así lo decidirá.

6. No eres interesante para él

Tu perro te ignora porque eres un corta-royos, malhumorado, eres pesado en casa, no te entiende y, en la calle, no le ofreces nada mejor que hacer. Que tu perro, de vez en cuando, te haga caso cuando le llamas, es un milagro.

El paseo es uno de los momentos más excitantes para el perro. Si no juegas con él, no le llevas a sitios nuevos y no le ofreces nada que hacer contigo, si te limitas a caminar con tu móvil en la mano o a contemplar el horizonte como un Ser desprovisto de gracia, tu perro va a buscar divertirse sin ti. Estar contigo es un aburrimiento. ¡Adiós!

No te equivoques, no necesitas un arsenal de golosinas y juguetes para salir a pasear y hacerle chantaje, en realidad no necesitas nada, pero sí, que todas estas cosas, pueden ayudarte al principio, ya que, tu sola presencia todavía no causará en tu perro el interés suficiente que debería causar por sí sola.

Aprende a pensar como un perro en la calle. ¡Aprende a jugar con él! ¡Guía tú el paseo! ¡Sé interesante!

Las caricias es lo último que quiere. El perro quiere divertirse, jugar, cazar, correr, investigar, relacionarse. Las caricias las tiene todo el día en casa.

perro llamada

7. No le has enseñado la llamada y no te entiende

El perro no te entiende porque nunca te has parado conscientemente a enseñarle qué quiere decir «Ven aquí». En realidad, le has estado enseñando todo lo contrario. No ha aprendido a venir. Has supuesto que lo tiene que entender porque sí. Posiblemente no tenga ni su nombre bien aprendido.

Su nombre está muy gastado… Lo utilizas para todo. «Toby, Toby, Toby».

Imagínate a alguien llamándote por el nombre una y otra vez, ¡qué pesadilla!

Debes empezar a enseñarle qué quieres al decir su nombre, qué quieres al decir «Ven aquí». Debes ofrecerle una alternativa más divertida si no deseas que se vaya a otro lugar.

No te quedes ahí pasmado con actitud militar; ¡corre, salta, diviértete! Tú perro debe decidir por sí solo unirse a tu fiesta.

¿Cómo consigo que venga?

Si te haces esta pregunta, lee de nuevo el texto. Intenta sacar respuestas por ti mismo. Puedes encontrar infinidad de artículos y vídeos por internet que te explican y te enseñan a adiestrar al perro a responder a la llamada. Lo que no vas a encontrar es cómo puedes quitarte tu propio miedo, porque eso solo lo puedes hacer tú y, eso, es lo que tu perro percibe en ti.

Te recomiendo que contrates a un adiestrador personalmente para que te enseñe. En una sola sesión aprenderás mucho más de lo que crees. Te darás cuenta de que tu perro quiere «hacerte caso», lo cual te ayudará a perder el miedo y empezarás a desarrollar la confianza, un factor indispensable en vuestra relación.

Puedes consultar nuestros SERVICIOS para más información.


Foto de portada: Gilberto Reyes
Foto perro corriendo: Jayden Burdick
Foto perro jugando con hombre: Luna Lovegood

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