La mente del perro – Tu perro no es ni tonto ni inteligente

Tu perro no es ni tonto ni inteligente, sino que está atento, piensa con claridad y, por lo tanto, se comunica, aprende y enseña a la perfección en todo momento. La mente del perro es inocente, confiada y honesta, sus pensamientos son sencillos y acordes a la realidad que vive.

La mente del perro

Los humanos, que siempre estamos divagando en nuestros pensamientos, estamos distraídos, somos poco observadores y pensamos de forma confusa. El perro no divaga, está completamente presente en el aquí y el ahora y piensa con claridad.

El perro te conoce mejor a ti que tú a él. Sabe anticipar todos tus movimientos porque es observador, está atento y sabe cómo piensas, aunque a veces seas muy incoherente para él. Tú no sabes anticipar sus movimientos porque estás en la nubes y no sabes cómo piensa él. Quieres enseñar sin aprender.

Quizás pienses que los perros y los humanos tienen formas de pensar muy diferentes, pero no es así. Simplemente tú has aprendido a pensar de forma muy complicada.

La mente del perro es simple, como la de un niño. Todos hemos sido niños y todos sabemos pensar como niños. El perro no es un niño, el perro tiene la mente simple como la de un niño y es imposible complicársela. Solo es capaz de aprender y de enseñar con sencillez y esto no tiene nada que ver con el número de cosas que puede llegar a aprender.

Tus pensamientos complicados hacen que compliques la forma que tienes de enseñar y de aprender. Piensas demasiado y eso no te permite estar ni presente ni atento, ni enseñar ni aprender de forma sencilla.

Necesitas todo este texto complicado para darte cuenta.

Pensamiento y comunicación

Puedes aquietar tu mente, pero es imposible dejar de pensar y de comunicar.

Te comunicas TODO el tiempo. Tu cuerpo comunica lo que estás pensando; ya sea estando sentado sin hacer nada, hablando, durmiendo, mirando, leyendo, etc.

Lo que piensas, es lo que comunicas.

Cuando comunicas, estás enseñando y estás aprendiendo de forma simultánea. Mientras enseñas, aprendes lo que enseñas. Mientras aprendes, enseñas lo que aprendes. Si enseñas calma, aprenderás calma. Si enseñas ansiedad, aprenderás ansiedad.

Estás enseñando y aprendiendo TODO el tiempo porque te estás comunicando TODO el tiempo.

Tu comportamiento, tu estado de ánimo y tu actitud comunican tu forma de pensar. Son las enseñanzas y los aprendizajes que te ofreces a ti mismo y que le ofreces a tu perro y a los demás. No es necesario que utilices palabras.

El perro sabe cómo estás sin necesidad de que se lo digas, ¡es muy obvio! Quizás puedas engañar a un humano diciéndole «Bien, estoy bien», pero a un perro no.

El perro es consciente de todo lo que comunicas con tu cuerpo. De todo lo que piensas. De todo lo que le enseñas y está aprendiendo en todo momento.

Si cambias tu forma de pensar, lo que comuniques, lo que enseñes y lo que aprendas será distinto; tu comportamiento, tu estado de ánimo y tu actitud cambiarán.

La naturaleza del perro es estar alegre. No le enseñes otra cosa.

Formas de pensamiento

Solo puedes pensar de dos formas: con plena confianza o con miedo.

Ambas son completamente opuestas. No puedes pensar con plena confianza y con miedo a la vez. O piensas de una forma o de otra. Puedes intercambiar una forma por otra todas las veces y todo lo rápido que quieras, pero no puedes pensar de ambas maneras simultáneamente.

La naturaleza de los perros es pensar con plena confianza, por lo tanto, si piensas con miedo, te mal-interpretará y lo confundirás.

Cuando piensas con plena confianza, te comunicas con plena confianza; aprendes y enseñas plena confianza.

Quizás pienses que enseñar y aprender con plena confianza significa dar y recibir «premios» y que enseñar y aprender con miedo significa dar y recibir «castigos». Esto no tiene nada que ver. Los «premios» y los «castigos» son formas de adiestramiento, no de enseñanzas. Enseñar no es lo mismo que adiestrar.

Enseñar con plena confianza es estar en completa paz, calma y serenidad. Enseñar con miedo es todo lo demás.

Adiestramiento

Adiestrar a un perro a que su cuerpo haga «cosas» es muy fácil; solo tienes que darle o quitarle algo que le guste o que le disguste en el momento exacto en que está haciendo lo que quieres que repita o que no repita. Sin embargo, como no estás atento y te dejas llevar por tus pensamientos, lo haces fatal.

Para aplicar correctamente tanto los «castigos» como los «premios», solo es necesaria tu plena atención y tu perfecta calma durante el adiestramiento.

Una persona que emplea correctamente los refuerzos y los castigos para adiestrar no se enfada ni se entusiasma. Está presente y controla sus emociones y, aún así, el resultado no siempre es 100% fiable porque el perro no es un robot.

Tú «premias» y «castigas» muy mal. La prueba está en que cuando «castigas» estás enfadado y cuando «premias» estás entusiasmado. Te dejas llevar por tus pensamientos y por tus emociones, lo cual te impide dar o dejar de dar tanto los «premios» como los «castigos» en el momento en que debes. No estás suficientemente atento ni presente.

Los castigos mal empleados tienen graves consecuencias en los perros. Los premios también.

Si quieres adiestrar correctamente, aprende con un adiestrador.

Sin premios ni castigos

La realidad es que no es necesario ni utilizar premios ni castigos de ningún tipo para que un perro «se comporte».

Si tú «te comportas», el perro también.

A.M.C.–CAN

Tú eres el principal maestro de tu perro. No es necesario que te detengas a adiestrar. El perro aprende de ti por el simple hecho de observarte, en todo momento, durante todo el día: en los momentos en que tú interactúas con él y en los momentos en que interactúas con todo lo demás y con todo el mundo.

¿Cómo te comportas? ¿Eres nervioso? ¿Tiendes a estar de mal humor? ¿Cómo caminas? ¿Cómo sales de casa? ¿Te enfadas con los demás rápidamente? ¿Estás preocupado la mayor parte del día? ¿Tienes miedo? ¿Temes que la gente se meta contigo? ¿Temes lo que la gente opinará de ti? ¿Gritas? ¿Eres eufórico? ¿Cómo piensas?

Estás enseñando todo el tiempo. ¿Eres consciente de ello?

Después nos quejamos de que el perro ladra, es muy nervioso, es agresivo, es miedoso, no se comporta, etc. Queremos un perro 10.

¿Tú eres una persona 10?

Tú perro ya es un perro 10. Es muy coherente con lo que aprende. Sabe lo que quiere y lo que no quiere.

Tú perro te muestra lo que ha aprendido de ti y del mundo. ¡Dale las gracias! De lo contrario no te darías ni cuenta. ¿No te gusta lo que ha aprendido? ¡No pasa nada! Cambia tus enseñanzas y cambiará tu perro. Mejor dicho, cambia tus pensamientos y cambiará tu perro.

Todos estamos aprendiendo. No te culpabilices ni a ti, ni al mundo. Lo importante es detectar nuestros propios pensamientos y poner intención en corregirlos. Aprende a pensar con plena confianza. Sabrás si piensas con confianza porque estarás inmediatamente tranquilo, alegre y en paz.

Tu perro te muestra tus pensamientos basados en el miedo y los del mundo mediante su comportamiento. Tratar de corregir a tu perro o al mundo sin corregirte a ti primero, no lleva a ninguna parte.

Se trata de enseñar y aprender a pensar con plena confianza conjuntamente siendo consciente de ello en todo momento para poder comportarse de manera afín.

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